El Sevilla dejó ir en Eibar dos puntos que, por merecimiento, por su segunda parte y por al menos un clamoroso penalti que le escamotearon debió haber sumado. Empató tras igualar un gol que había penalizado tremendamente su desastrosa primera mitad. Pero fue tal el volumen de ocasiones en la segunda parte que desperdició el equipo nervionense que en realidad debería haber sumado los tres puntos. Deja el Sevilla la sensación de quedarse a medias, de aún no haber despegado, de seguir teniendo carencias, las mostradas en la primera mitad, y a la vez de tener materia prima, de tener recorrido para la mejora y de recuperar futbolistas que pueden dar otra cara al equipo. El ejemplo claro es el cambio de Banega por un nefasto N'Zonzi. Fue salir al campo el argentino, o igual fue salir de él N'Zonzi, y el Sevilla mejorar notablemente. Se le queda al Sevilla y al sevillista un sabor agridulce y sobre todo una evidente sensación de cabreo, con la primera parte de su equipo y con el árbitro, que birló al menos un penalti clarísimo que podría haber cambiado el signo del partido.

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